sábado, 8 de julio de 2017

Reflexiones desde Fontenebra

Se cumple ahora un año desde la publicación de La Fuente de las Tinieblas, y en el mundo del mercado literario eso es una eternidad. Por suerte la distribución ha funcionado bien y el libro ha estado presente en tiendas al menos hasta navidad (que como ya imagináis es una época muy importante para las ventas), y confío en que siga disponible para los lectores interesados durante bastante tiempo aún. Pero el caso es que empieza a ir tocando pasar página y extraer lecciones de lo que se ha hecho bien y lo que podía haberse hecho mejor. Las comparto por si pueden seros de utilidad en vuestra propia carrera literaria («carrera», que palabra tan estresante, ¿no?).

Una de las decisiones que más complicaciones trajo, como ya comenté en su momento, fue la de centrar todos los relatos en una población, Fontenebra, que está descrita deliberadamente de forma muy genérica pero que muestra unos rasgos específicos, básicamente de degeneración suburbana, en un entorno claramente actual o muy próximo a la actualidad. Fue esta una restricción que me obligó a prescindir de unos cuantos relatos que no encajaban en ese entorno, lo que a su vez conllevó que el proyecto se retrasara más de lo previsto, pero se ha revelado como una buena idea. De este modo la antología cobra coherencia, los relatos se ayudan entre sí dando lugar a una especie de sinergia metaliterario. Estoy convencido de que, de haberse publicado de forma individual, por ejemplo en antologías colectivas, estos relatos no habrían causado ni de lejos el mismo efecto en los lectores (lo cual llevaría a otras reflexiones necesarias sobre la absurda fiebre de lass antologías colectivas, pero no es esta la ocasión apropiada).

Lo que ya no tengo tan claro es que dejar Fontenebra tan difuminada haya sido lo más acertado o no. Por un lado yo no quería que mi población se convirtiera en una especie de Arkham, donde cada casa oculta un terrible secreto y cada caminante es un monstruo disfrazado; me parecía que de ese modo todo perdería credibilidad. Pero por otro, parece que los lectores prefieren, en su mayoría, tener algo concreto que imaginar y donde ambientar sus propias historias (por cierto que ya hay varias partidas de rol inspiradas por La Fuente de las Tinieblas, como Sangre Nueva). Quizá incluso hubiese merecido la mena relacionar con más fuerza las historias entre sí. A este respecto, y aunque ando últimamente muy parado por culpa de la vida, estoy colaborando con Tillinghast (los que frecuentéis Leyenda.net ya sabéis bien de quién se trata) para preparar un breve documento, una especie de «Secretos de Fontenebra», donde se explique la historia y situación actual de esta población ficticia, como ayuda para los aficionados. A ver si en unos meses puede ver la luz.

Volviendo al libro, muchos lectores (yo diría que todos) han acogido con entusiasmo la presencia de las «notas desde Fontenebra» donde explico un poco el origen y los objetivos de cada relato. No entiendo por qué no se hace más a menudo esto en las antologías, en lugar de tanta «biografía de los autores» que no interesa a nadie. En cuanto a las ilustraciones interiores, están muy bien pero no me da la impresión de que hayan triunfado, porque no se ve fácilmente que forman una especie de escena animada. Si era por llegar a las 300 páginas (número mágico al parecer), hubiese bastado con tocar la maquetación y hacer la letra un poco más grande, facilitando al mismo tiempo la lectura (porque estaremos de acuerdo en que 100.000 palabras dan de sobra para eso).

Y entro ya en dos aspectos editoriales que han sido fundamentales, como ya preveía: portada y distribución. Son cosas que en la edición tradicional quedan fuera de las manos del autor, y sin embargo marcan el sino del libro. La portada, y en general el aspecto exterior del tomo, da confianza al posible comprador. Al fin y al cabo le estoy pidiendo a la gente que se gaste casi 20€ en mi antología; lo mínimo es que al cogerlo parezca «un libro de verdad». Tapa dura, ilustración atractiva, buen papel… Cuenta mucho.

En cuanto a la distribución, es básico, aunque penséis que los tiempos han cambiado. Que el libro esté en tiendas físicas (y bien a la vista), que el distribuidor sea conocido y se mueva con diligencia cuando hay pedidos, que enseguida se reponga en plataformas online como Amazon, o que se le haga un hueco en las ferias del libro, es muy importante. Y eso a pesar de que la promoción no ha sido precisamente brillante, contradiciendo los dogmas de la «literatura 2.0». Para que veáis que no hay que fiarse de todo lo que se dice por ahí.

En todo eso he tenido mucha suerte con Edge y las empresas que trabajan con ellos. Me da pena pensar que si saco alguna vez otro libro (que lo dudo), con casi total seguridad no contará con un apoyo comparable a ese nivel y por lo tanto llegará a mucho menos público. En fin, c'est la vie, lo que cuenta es haber llegado hasta aquí. Feliz cumpleaños, Fontenebra .

La fuente de las tinieblas, Aitor Solar.
Edge Entertainment, 2016. 315 págs, 19.95€.

lunes, 26 de junio de 2017

Lecturas 2017 (I)

Nunca he llevado cuenta de mis lecturas, soy un poco caótico a ese respecto, pero a comienzos de 2017 decidí consignar lo que iba leyendo, como veo que hace mucha gente, por si salía algo interesante. Observaréis que unas cuantas han sido relecturas; tenía ganas de recuperar libros que me impresionaron en su momento.

Mi idea original era esperar a final de año y ponerlos todos juntos, pero me estaba quedando ya un artículo demasiado largo e incómodo, así que vamos a empezar por los diez primeros y ya seguiremos más adelante. Ha habido un poquito de todo, aunque se han colado varias novelas cortas (y me alegro, es una extensión injustamente despreciada en la actualidad). Cuando acabe, si sigo con ganas, intentaré preparar algunas estadísticas globales.

Esta es la lista:

Adiós a las armas,
Ernest Hemingway (1929).
Debolsillo, 2013. 374 págs.

Un auténtico clásico, con el estilo aparentemente fácil que hizo famoso a Hemingway y una visión descarnada de la guerra y la vida. El protagonista es un oficial de ambulancias en el frente italiano de la Primera Guerra Mundial, y aunque cuesta un poco pillar el ritmo de lectura, con tantas frases cortas y la ausencia de subordinadas, merece la pena insistir.

En busca del rey [relectura],
Gore Vidal (1950).
Edhasa, 1984. 245 págs.

Interesante mezcla de novela histórica con elementos de fantasía y, como original protagonista, un juglar, aunque se nota que es una obra primeriza. Se centra en la búsqueda del rey Ricardo Corazón de León durante su cautiverio en Alemania (finales del s. XII) y ya hablé largo y tendido de ella en su correspondiente entrada.

La balada del café triste,
Carson McCullers (1951).
Booket Austral Básicos, 2014. 160 págs.

Maravillosa representación del gótico sureño y sus personajes aberrantes y atormentados, pero dotados de gran humanidad. Son varios relatos, y aparte del que da título al libro hay otros estupendos, como Wunderkind.

Por ahora McCullers es mi descubrimiento del año, espero seguir con más obras de esta autora en cuanto aligere la pila de pendientes.

El libro de Monelle,
Marcel Schwob (1894).
Editorial Sirio, 2009. 95 págs.

Una maravilla. Principal muestra del simbolismo francés, es una obra maestra llena de sensibilidad y nostalgia. Marcado por la muerte de una prostituta a la que amaba, Schwob crea alrededor de su recuerdo su propia mitología, mezcla de inocencia, crueldad y sensualidad. Cosas así dan sentido a la literatura, aunque hay que saber sintonizar con lo que pretende el autor.

Cuentos eróticos de los locos años 20, vv.aa. (1920s).
Clan Editorial, 2004. 295 págs.

Cogí esta antología más por interés histórico en la época que otra cosa, pero la verdad es que sorprende la apertura de miras de nuestros abuelos, con temáticas (incesto, homoerótico, masoquismo…) que hoy día no encontrarían hueco en publicaciones estándar. La calidad varía mucho, por descontado, desde cosas realmente bien escritas y cultas a otras sórdidas que sólo iban a lo que iban, pero ha sido un libro revelador en varios sentidos.

Mejillones para cenar,
Birgit Vanderbeke (1990).
La Galera, 2009. 106 págs.

Una obra curiosa, formalmente muy original pero que se lee sin dificultad. Novelette de vanguardia muy famosa en Alemania en su momento, creo que abusa de la crítica a la figura tradicional del cabeza de familia hasta rozar la parodia y no ha acabado de envejecer bien, pero por lo demás ha sido un descubrimiento afortunado en un tipo de literatura que no suelo frecuentar.

Al otro lado del río,
Jack Ketchum (2003).
El Andén, 2008. 108 págs.

Escogí esto para empezar con Ketchum por su brevedad y uff, muy pobre. Una especie de weird western fronterizo que no es ni una cosa ni otra. A pesar de que me encantan las novelas cortas, a esta historia le falta extensión, poder empatizar con los personajes y no meter tanta escena bestia que aporta bien poco. La traducción tampoco da sensación de ser gran cosa.

Viaje a través del cristal,
George Sand (1864).
Adiax, 1982. 237 págs.

Es lo primero que leo de la baronesa y se me ha hecho muy cuesta arriba. Su dominio de la prosa es magistral, pero la historia se arrastra y esa obsesión por seguir los patrones del relato fantástico decimonónico, tan artificiales y fríos, torpedean lo que pueda tener de original la trama (que en sí no está mal). El libro contiene algunos relatos más, irregulares.

El diamante tan grande como el Ritz, Cuentos 1,
Francis Scott Fitzgerald (1920-28).
Debolsillo, 2015. 858 págs.

Primer tomo de los cuentos completos de Fitzgerald, un formato que él mismo consideraba menor pero donde dejó sus mejores perlas (como El extraño caso de Benjamin Button, incluido en este volumen). Hubiera preferido una selección de relatos, aunque reconozco que desde el principio son buenos y además muy reveladores de esa juventud de los locos años 20 que empezaba a tomar forma. Sus personajes femeninos en particular son arquetípicos de la época y resultan todavía muy refrescantes.

Harry Potter y la piedra filosofal,
J.K. Rowling (1997).
Salamandra, 2010. 254 págs.

Por insistencia extrema de mi hijo voy a empezar a leerme la saga de Harry Potter. El objetivo es llegar por lo menos hasta la cuarta novela.

Esta primera es simpática aunque irregular, muchas buenas ideas mezcladas con secciones lentas y muy difíciles de creer (lo de los Dursley, principalmente), con una historia muy básica y clásica (niño pobre descubre que es famoso y tiene poderes) pero que se salva con un final inesperado.

viernes, 16 de junio de 2017

Firmando se aprende

Como ya anuncié por aquí, el pasado día 2 estuve en la Feria del Libro de Madrid firmando La Fuente de las Tinieblas en la caseta de Atlántica Juegos (una gente majísima, por cierto, y con mucha experiencia en estas cosas). Pongo algunas fotillos a lo largo del artículo para que veáis que no miento.

La verdad es que algo así hace ilusión, y más porque yo vivía de crío cerca del Parque del Retiro y mi padre me llevaba siempre a la feria (antes incluso de que aprendiera a leer), y luego la frecuenté mucho de adolescente, preso de mi pasión por la literatura de género. Así que, quieras que no, es como otro logro conseguido, aunque no se puede decir que reventara la feria con mi presencia. De La Fuente de las Tinieblas debí de firmar seis o siete ejemplares, aparte de unos cuantos de las antologías pequeñas de Edge, Ritos de Dunwich y Adoradores de Cthulhu, ya que también estaba conmigo firmando Rubén Serrano, el recopilador. No fue un exitazo, tampoco un fracaso absoluto; digamos que pasable, como tantas cosas en la vida.

Por lo que me contaron, las sesiones de firmas en las ferias van a rachas. Y es verdad, de repente se acumula gente preguntando por tu libro y estás intentando que todos tengan acceso a él, y luego te pasas un buen rato que no viene ni el Tato, así que aproveché para sacar algunas reflexiones de lo que supone estar al otro lado de la barrera, y de paso las comparto aquí con quien esté interesado.

La principal es que la promoción en redes (que fue bastante intensa por parte de la editorial, la librería y los propios autores) no tuvo un impacto directo apreciable. Quienes se llevaron el libro lo descubrieron allí mismo, pasando por casualidad delante de la caseta. Lo cual es lógico si te pones a pensarlo: no somos famosos como para que nuestro mero nombre atraiga a las masas, y por otro lado mediante esos canales especializados sólo llegas a un público que casi con total seguridad ya conocía el libro y se lo compró en su momento si les interesaba. Pero atención, sí que es verdad que mover el título y hablar de él ayuda aunque la gente no vaya a las firmas: las ventas online, por ejemplo, tuvieron un notable repunte esa semana. O sea que el objetivo principal podría no estar en la sesión en sí, sino en dar vidilla adicional a libros con unos meses de antigüedad. Tenedlo en cuenta al sopesar estas iniciativas.

Sobre el público en sí, también hay alguna conclusión curiosa que extraer. Por ejemplo: por lo visto las jóvenes lectoras se interesan mucho por las novedades, y en la feria hay un montón (de novedades y de chicas), así que muchas estuvieron hojeando el libro y preguntando por el tipo de historias que incluía. Y también se acercaron varias mujeres mayores que no sólo conocían la obra de Lovecraft sino que controlaban del tema (y de verdad, nivel «pronuncio Cthulhu mejor que tú»). Pero ni unas ni otras acabaron decantándose por La Fuente de las Tinieblas o por las otras antologías de Edge; todo lo que se vendió fue a varones. De hecho, en el único caso en que unas chicas compraron el libro, al preguntarles a qué nombre lo dedicaba resultó que se lo iban a regalar a un amigo. Es raro, porque todos los informes apuntan a que las mujeres leen de media más que los hombres. ¿Son los Mitos una excepción, o afecta a todo el género de terror, o qué sucede? Porque en la presentación del libro el panorama fue muy similar, y me atrevería a decir que en Leyenda.net también ocurre lo mismo. Hay una barrera que romper ahí.

Por supuesto, lo que más vende son las sagas de fantasía de moda, y si están dirigidas a un público joven, doble premio. Es que no hace falta ni promocionarlas, viene la gente a pedirlas y se las llevan a capazos. Me quedó claro que escribiendo terror pierdo el tiempo . Pero en general todo el mundo fue muy amable y aunque no les interesara tu libro te deseaban suerte, y se agradece, aunque descubrí que también en estos eventos hay quien se dedica a vacilar y a tocar un poco las narices, sabiendo que debes ser educado con ellos. No sólo conmigo, con los propios dependientes de la librería para comprar un puñetero libro. ¿En serio hay personas con una vida tan triste como para tener que comportarse así? Ay, qué poca fe me queda en la humanidad.

Pero bueno, en resumidas cuentas fue una experiencia positiva, no tan glamourosa como se supone pero sí instructiva. Y oye, que he estado firmando en la Feria del Libro y vosotros no 😛.